Para responder a esta pregunta podemos plantear varias situaciones, dependiendo del modelo de relaciones sociales que pretendamos potenciar.
Por un lado, para mantener una sociedad en la que las relaciones de competencia sean las que marquen el desarrollo, la utilidad de los estudios sería conseguir el mayor nivel de estudios, con el objetivo principal de conseguir el prestigio necesario para poder partir desde una situación más favorable al entrar en el mercado laboral. En este caso el objetivo de la educación sería el de formar una élite capaz de dirigir al conjunto. Se asume que una gran mayoría fracasará, pero aquellos que tengan éxito serán capaces de dirigir al resto.
Otra opción sería la de conseguir que una mayoría de la población alcance un nivel aceptable de formación, con el objetivo de fomentar conductas saludables que supondrán un ahorro de costes y una disminución de los conflictos y enfrentamientos.
Por último podemos plantear el objetivo de conseguir que cada individuo supere su nivel de partida, es decir que todos desarrollen sus capacidades en la medida de sus posibilidades.
En nuestra sociedad actual, nuestro modelo educativo se plantea, al menos sobre el papel, dos objetivos, por un lado la preparación para el mundo laboral y la formación de ciudadanos adaptados a la sociedad; y por otro el desarrollo personal y la potenciación de capacidades más relacionadas con el aspecto socio-emocional.
El primero de los objetivos fracasa en tanto en cuanto, el modelo educativo no está realmente vinculado con el mundo laboral. Es cierto que quizá no se pueda planificar cuántos titulados de un determinado campo van a ser necesarios en un determinado plazo de tiempo, pero lo que sí se puede hacer es planificar qué modelo productivo queremos desarrollar. Y está claro que si no se apuesta por un modelo en el que prime el desarrollo científico y tecnológico no podremos establecer una relación positiva entre el mundo educativo y el mundo laboral.
Es por esta razón por la que surge el tan nombrado problema de la "sobretitulación". El problema no es que haya muchos titulados, sino que no hay trabajo para ellos. Y no hay trabajo para ellos porque en este país se está apostando por un modelo de desarrollo basado en la producción a bajo coste, y ese modelo no necesita titulados, sino más bien todo lo contrario, necesita trabajadores de escasa cualificación a los que poder pagar salarios muy baratos.
Con esta situación, por tanto, resulta imposible unir el desarrollo educativo y el productivo.
En cuanto al segundo de los objetivos, tampoco se consigue, en este caso por un problema de metodología dentro del propio sistema educativo. Ya se ha demostrado que con los métodos que se vienen utilizando habitualmente desde hace ya mucho tiempo no se consigue el desarrollo de esas capacidades que supuestamente se pretende que alcancen los alumnos. Además se conocen ya otros modelos de escuela, con otras metodologías diferentes que sí son capaces de alcanzar este objetivo. Sin embargo, a pesar de que sobre el papel se fomenta el uso de estas nuevas metodologías, en la práctica seguimos anclados en el mismo modelo de siempre, por lo que no somos capaces de avanzar en la consecución de este objetivo.
En definitiva, si analizamos fríamente la situación, podemos concluir que a día de hoy los estudios no sirven de mucho. Únicamente tienen el valor que cada uno le quiera dar.
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